La Utopía de Porné y la manipulación de la historia

 



Vistas desde la antigua atalaya ballenera de Getaria,
Recientemente, (a partir de 2020, cuando el conjunto de disparates historiográficos superpuestos sobre Elkano y la vuelta al mundo empieza a hacerse evidente y se decide  tratar de “enterrar” el aniversario antes de que todo el invento se desmorone) surge un repentino interés por la una parte muy singular de la carta de Maximiliano Transilvano: la Utopía de Porné, en la que nadie, al parecer, había reparado en cinco siglos.

La crónica de Maximiliano Transilvano está inspirada, según él mismo reconoce, en la declaraciones y documentos aportados por Elkano (cuyo nombre confunde con Miguel) y el resto de los supervivientes:

«…determiné escribir a vuestra reverendísima señoría todo su curso y todo lo que en ella se hubo, lo cual procuré con mucha diligencia de saber y me informar de la verdad de todo ello, así del capitán de la nao que ahora volvió, que se llama Miguel Delcano y de los otros marineros que en su compañía vinieron. Este capitán y marineros recontaron al Emperador y a muchos otros todas y cada una de las cosas en su viaje acaecidas, con tanta tanta fe y sincera fidelidad que según la manera de su recontamiento pareció claramente a los que lo oíamos decir todo verdad[1]

Algo que confirma Oviedo, que pudo contemplar ambos textos, y afirma específicamente que la carta de Maximiliano está basada, casi palabra por palabra, en la hoy perdida narración de viaje entregada por Elkano. «… yo he seguido la relaçión que Johan Sebastian Delcano me dió [...] é quasi la misma relaçión que yo sigo escribió el bien enseñado secretario de César, llamado Maximiliano Transilvano[2]

¿Qué narración y que documentos son esos? Los libros de Regimiento, el equivalente al diario de abordo en aquella época, y los otros documentos de la expedición, que Elkano trae en la Victoria y entrega primero en la Casa de Contratación de Sevilla y luego en la Corte. Y esto lo sabemos, entre otras cosas, porque el 10 de octubre el emperador escribió una real célula a la Casa de Contratación:

«…vos mando que luego que esta rreçibays me enbieys todos los libros y escrituras que en esa casa houiere de los gastos y asientos y capitulaciones que se hizieron […] y qualquier otra relación tocante a esto […] para que tengays quenta de los salarios que se han de pagar … y asi mismo me enviad todas las relaciones y escripturas que vos entrego el capitán Juan Sebastian dElcano capitan de la nao vitoria y los padrones y relaciones del viaje y descubrimiento que hizieron lo qual todo trayga Domingo de Ochandiano a quien yo envio por otra mi carta a mandar que venga a mi para cosas de mi seruiçio[3]

Y Elkano, en sus declaraciones a Leguizamo afirma que entregó todos ellos, incluidos “Los libros de los regimientos” al llegar a Sevilla:

«…é le privaron de la capitanía por los desaguisados y deservicios que contra S. M. hacía, según parescerá por el proceso que este testigo tiene. E ansi eligieron por capitán á este testigo, é dio la derrota para las islas de Maluco, como paresce por los libros de los regimientos[4]

Lo confirman los portugueses en su relación de documentos aprehendidos en la nao Trinidad, de la que Lopes de Castanheda deja una relación pormenorizada:

«…forão achados liuros do astrologo sam Martim ǭ hia cõ Fernão de magalhães & faleceo na viagem, & an assi dous planispherios de Fernão de magalhães feytos por Pero reynel, & otras cartas grandes do camino dos Portugueses ate a India, & quarteirões ate Maluco, & todos errados: assi foraõ achados os liuros de todos os pilotos das naos daǭala armada, & dos verdadeiros paresceres daǭla viage: em ǭ se achou per eles mesmos Maluco & Bãda do descobrimēnto del rey de Portugal: & todos estos liuros & instromēntos forão entregues por Antonio de brito ao feytor» «…se tomaron los libros del astrónomo San Martín, que iba con Fernando de Magallanes y falleció en el viaje, y también de planisferios de Fernando de Magallanes hechos por Pedro Reinel, y otras cartas grandes del camino de los portugueses hacia la India, cuarterones de las del Moluco, todos errados. También fueron tomados los libros de todos los pilotos de las naos (solo capturaron la Trinidad) de la armada, y dos narraciones verdaderas del viaje: y se tomaron por ser los mismos del Moluco y Bada descubiertos por el rey de Portugal: y todos estos libros e instrumentos fueron entregados por Antonio de Brito al factor[5].»

No habla de los Libros de Regimiento, por lo tanto es cierto que estos, al igual que los Tratados de Paz con los Reyes del Moluco, las actas de proceso contra Carvalho y los demás documentos fundamentales de la expedición viajaron en la Victoria, sin duda por el lógico temor a que la Trinidad, que aún debía permanecer varios meses en la Molucas efectuando reparaciones, cayera en manos de los portugueses, algo que finalmente sucedió.

Es imposible no apreciar el brusco cambio que sufre la narración de Transilvano después de la muerte de Magallanes,

«…mientras fue vivo Fernando de Magallanes, este testigo (Elkano) no ha escrito cosa ninguna, porque no osaba, y que después de que a este testigo lo eligiesen por capitán y tesorero, lo que pasó lo tiene escrito y extendido lo tiene dado a (Juan de) Samano[6].»

Cesan los milagros y las exhortaciones evangelizadoras y son sustituidas por un genuino interés por los pueblos con los que se encuentran.

Especialmente significativa resulta esta descripción de los nativos de la isla de Porné, Borneo, donde se encuentra la ciudad de Brunéi y que, como ya sabemos, eran musulmanes, y no precisamente pacíficos. Ni ellos ni los pueblos de su entorno. Y se trata de un lugar donde se conocía la escritura y que tiene sus propios relatos e historia. De hecho no hay noticias de una sociedad como la que describe en ningún lugar del mundo. Es una invención, que nos revela muchas cosas no tanto de aquel pueblo como de la personalidad y forma de ver el mundo de quien la escribió:

«Los indios de la isla de Porné (Borneo) en su creencia son gentiles (paganos), y tienen por sus principales dioses el sol y la luna […] y a ellos hacen sus oraciones, demandándoles que les den hijos y multiplicación, y abundancia de ganados y frutos de la tierra y todas las otras cosas de las que tienen necesidad. Es la gente de esa isla muy amadora de la paz y la justicia […] y muy enemigos y detestadores de las disensiones y guerras. 

Todo el tiempo que ven que su rey está en paz, hónranlo y adóranlo como si fuese Dios; más si le sienten y conocen que es amador de la guerra, jamás descansan hasta que lo hacen morir a manos de sus enemigos en la batalla que les va a dar. Porque cuando tal rey, que es belicoso, va a hacer la guerra a algún contrario suyo, lo cual acaece muy pocas veces, amonéstanle los suyos para que se ponga en la delantera, y esto hacen para que sosteniendo el peligro e ímpetu de sus enemigos muera allí […] y luego que es muerto comienzan con gran furor a pelear muy cruelmente por su libertad y por haber rey manso y pacífico de acuerdo a las costumbres de la tierra. Y por esta causa muy raro tienen los de esta isla guerra, porque los reyes que suceden tienen conocimiento y saben que ningún rey que moviese en ella guerra salió vivo de la batalla. […] Tienen estos indios de la isla de Porné por cosa que es muy inicua y mala desear el rey de ella ser mayor señor de lo que es, ni tener codicia de ensanchar los términos de su señorío. Tienen todos gran estudio y vigilancia de no hacer ningún enojo ni molestia unos pueblos a otros, ni menos a los pueblos comarcanos de las otras islas circunvecinas, ni mucho menos a los extraños y peregrinos […] Y porque las discordias no pasen adelante, luego procuran de tratar la paz, y no hay para ellos cosa más gloriosa ni con que ellos más se ensalcen y tengan por nobles que demandar el primero la paz, y tienen por deshonrado y afrentado el que es prevenido primero a paz […] Y ninguna cosa hay entre ellos que sea tenida por más fea ni detestable que cuando ven que aquel a quien es demandada la paz la niega y no quiere venir a concordia, aunque haya sido injuriado, y contra el tal conspiran y se levantan luego todos, y lo matan y destruyen como a persona cruel y sin piedad. Y de aquí viene que en casi todo tiempo están en continua paz, tranquilidad y sosiego. No hay latrocinios entre los moradores de aquesta isla, ni muertes de hombres.

[…] No creen que hay más que nacer y morir, diciendo que con la vida del hombre acaba su ser y sus sentidos, y que así como el hombre no era nada antes de ser engendrado, así se vuelve en nada después de su muerte[7].»

Habitantes de Brunéi según el Códice Boxer (1595)

Estamos ante una fábula en la que, al modo de las utopías o los relatos fantásticos de viajes, el autor del texto no nos habla sino de sus propios sueños e ideales.

Hay quien pretende que el pensamiento que refleja en realidad es el del propio Maximiliano, tratando de ver en el funcionario y cortesano una especie de trasunto de Tomás Moro y su “Utopía”[8].

Esta tesis ha aparecido de forma bastante reciente, coincidiendo con las primeras muestras de interés por esta parte de la carta, y quienes la sostienen presentan a Maximiliano como un humanista íntimo de Erasmo de Rotterdam. Los artículos de referencia que se citan son estos dos: «De la quête d’Orphée à la naissance d’Athena, sous le régard de la Divina Sophia: essai d’interprétation symbolique du décor de façade du palais de Maximilien Transsylvain à Bruxelles», de Anne & Stéphane Rolet, publicado en 2011 en la revista Humanistica Lovaniensia LX.; y «Maximilianus Transylvanus et Pietro Martire d’Anghiera. Deux humanistes à la cour de Charles Quint », de Emmanuelle Vagnon, publicado en 2020 en la revista Anaïs de Historia de Além-Mar XX. El primero es un interesante trabajo centrado en la familia de Transilvano y en su palacio de Bruselas. En él se menciona esa supuesta condición de humanista y su relación con Erasmo, pero sin aportar datos o referencias que lo sostengan.

Mucho más revelador sobre el origen y el trasfondo que subyace tras esta idea es el segundo trabajo, el de E. Vagnon. Lo primero que conviene mencionar sobre él es que, pese a estar centrado en la Vuelta al Mundo y en su repercusión, apenas menciona a Elkano salvo en la introducción y como uno de los supervivientes de l’expédition de Magellan que informaron a Maximiliano de lo sucedido en el viaje y al hacerlo reconoce, sin darle importancia al igual que al propio personaje, que La relation de Maximilianus Transylvanus repose essentiellement sur le témoignage d’Elcano. Pese a ello, en ningún momento se plantea siquiera que la utopía contenida en la carta de Maximiliano pueda tener su origen en el pensamiento del hombre cuya narración es la base de la de Transilvano.

En este trabajo sí se pretenden aportar datos para sostener esa idea del Maximiliano humanista utópico. Como ejemplo de ese humanismo cita su obra: Legatio ad sacratissimum ac invictum divum Caesarem Carolum semper augustum, ac Hispaniarum regem catholicum, ab reverendissimis ac illustrissimis sacri Ro. impe. principibus electoribus qua functus fuit... comes Palatinus ad Rhenum... in Molendino regio. Die ultimo Novembris, anno 1519. Este es, en efecto, el único trabajo de Maximiliano, aparte de su narración de la primera vuelta al mundo, que ha tenido alguna trascendencia y, como su nombre indica, es una exaltación hiperbólica del rey al que sirve que no puede estar más alejado del contenido de la utopía de Porné.

Lo mismo sucede con la siguiente prueba que aporta de su “humanismo”, su papel en la dieta de Worms:

«Présent à la diète de Worms, le 17 avril 1521, lorsque Luther comparut devant la cour, Maximilianus Transylvanus fut chargé de lire à haute voix les titres des ouvrages condamnés du réformateur, puis le 25 de lui signifier son congé au nom de l’empereur. Il rencontra Erasme et fit partie de ses correspondants par la suite (Erasme 1909). (Presente en la Dieta de Worms el 17 de abril de 1521, cuando Lutero compareció ante el tribunal, Maximilianus Transylvanus recibió instrucciones de leer en voz alta los títulos de las obras condenadas del reformador, y luego, el 25, de notificarle su expulsión en nombre del emperador. Conoció a Erasmo y fue uno de sus corresponsales a partir de entonces (Erasmo 1909).)»

Es decir, Maximiliano fue el encargado, primero, de leer ante la dieta, uno a uno, los títulos de las obras de Lutero, para que, a continuación, esta procediera a pronunciar la sentencia condenatoria. Luego comunicó a este su expulsión de dicha dieta por orden de Carlos V. Una labor propia de un cortesano de la máxima confianza, sin duda, pero que no puede ser considerada de ninguna manera ni “filosófica” ni “humanística” y que, una vez más, no puede estar más alejada de los postulados de la utopía de Porné.

Más interés parece tener la información sobre la correspondencia entre Erasmo y Maximiliano en su referencia 14:

«Par exemple, lettre d’Erasme, Bâle, 2 juillet 1525, adressée à Maximilianus Transylvanus, où Erasme s’informe des voyages et des décès de certaines connaissances communes, cité par Nève 1890, 192 et 222; Lettre de MT à Erasme, 28 mars et 6 novembre 1527, dans Erasme 2010; voir aussi Margolin 1977, 533; Bataillon 1952. Une étude précise des relations entre Maximilianus Transylvanus et Erasme serait intéressante à conduire (Por ejemplo, carta de Erasmo, Basilea, 2 de julio de 1525, dirigida a Maximiliano Transilvano, donde Erasmo pregunta sobre los viajes y la muerte de ciertos conocidos comunes, citada por Neve 1890, 192 y 222; Carta de MT a Erasmo, 28 de marzo y 6 de noviembre de 1527, en Erasme 2010; ver también Margolin 1977, 533; Batallón 1952. Sería interesante realizar un estudio preciso de las relaciones entre Maximiliano Transilvano y Erasmo)

Vagnon da a entender que existe una correspondencia abundante y de calado intelectual entre Erasmo y Maximiliano aún por estudiar, de la que las cartas que menciona solo serían un ejemplo, pero eso no es cierto.

El Corpus Epistolarum des Erasmi Roterodami de P.S. Allen, la recopilación “canónica” de la correspondencia de Erasmo, publicado por la universidad de Oxford, recoge y analiza todas las cartas de este, dividiéndolas por fechas e interlocutores. En él queda claro que la correspondencia con Maximiliano se limitó a 5 únicas cartas (nº1553, 24 de febrero de 1525; nº1585, 2 de julio de 1525; nº1645, 23 de diciembre de 1525; nº1802, 28 de marzo de 1527; nº1897, 6 de noviembre de 1527) entre las 3.141 que recoge la obra, y que, además, el contenido no va más allá de un intercambio formal, en el leguaje untuoso de la corte, entre un intelectual que busca respaldo económico y un secretario imperial que promete su ayuda mientras trata de atraer al intelectual a sus postulados. Todo muy actual, en realidad. También le muestra su apoyo en las controversias teológicas que sostiene, sin ahondar en estos temas. Sospecho que cuando Transilvano hablara con los oponentes de Erasmo se mostraría igualmente cordial. Son cartas breves, lejos de la amplitud de aquellas en las que Erasmo expone o debate sobre principios filosóficos con otros humanistas. Es más, en ellas queda claro que el interlocutor habitual de Erasmo en la corte de Carlos V para estos temas es Alfonso Valdés, secretario imperial para cartas latinas y uno de los mayores exponentes, junto a su hermano Juan, de la filosofía erasmista en España. El propio Allen lo ve así, como también lo hacen los principales analistas de la correspondencia de Erasmo, una de las más estudiadas de la historia[9].

Pero no solo es eso, la primera de estas epístolas data de febrero de 1525, más de dos años después de la vuelta al mundo y de la redacción de la carta de Maximiliano que contiene la utopía de Porné, no en 1521 como Vagnon da a entender.

Por último, pero no menos importante, la utopía de Porné no suscitó ningún debate en los círculos humanistas de la época, de hecho no la menciona nadie, ni siquiera Erasmo, tan estrechamente unido a Maximiliano según afirma Vagnon, y cuya filosofía asegura está detrás de su elaboración. Y eso solo puede explicarse si nadie reparó en ella, ni siquiera Maximiliano, que se limitó a copiarla apresuradamente del relato que le entregaron los supervivientes, como un elemento exótico más, sin percatarse de las ideas que subyacen tras ella. Porque si lo hubiera hecho sin duda la habría eliminado, dado su contenido claramente anti-imperial y su posición de secretario del emperador, y nunca habrían llegado hasta nosotros.

Llama también la atención que Vagnon no deje de resaltar el evidente sentimiento de superioridad europea que muestra el texto de Transilvano al referirse a otras culturas, como los patagones, que cambia al hablar de los habitantes del Pacífico (no de los cebuanos ni de los nativos de Guam, precisamente), sin que en ningún momento se plantee a qué puede deberse ese cambio.

Es más, cree ver en el relato fantástico de las costumbres de Borneo y de las Molucas la influencia en Transilvano de Rousseau y su “buen salvaje”, de Tomás Moro y del propio Erasmo. Así nos habla de la crítica a la avaricia, a la gula occidental, y del anhelo de paz que nos transmite, y que ella relaciona con una supuesta oposición del secretario imperial al enfrentamiento entre España y Portugal y a las guerras de Carlos V en Europa, oposición que debía esconder en lo más profundo de su ser, dado que jamás la demostró en sus actuaciones, sino justo lo contrario, ya vimos su papel en la dieta de Worms.

Y, expuesto así, parece tener sentido. Pero Vagnon elimina todas las referencias de la utopía de Porné a la falta de creencia en el alma y el más allá, en la vida después de la muerte, al “no hay más que nacer y morir” que se citan tanto en Borneo como en las Molucas. Y lo hace porque esta idea no puede estar más alejada de la filosofía de Erasmo y de Tomás Moro, con lo cual su tesis queda gravemente comprometida.

Porque la verdad es que esa idea del Transilvano humanista que les permite atribuirle la paternidad intelectual de la utopía, se fundamenta únicamente en esas supuestas influencias que creen ver en la propia utopía, y en una correspondencia con Erasmo mínima, breve y en absoluto significativa.

La base real detrás de esta idea es que “alguien como Elkano”, es decir alguien “normal”, que en la mentalidad de muchos “intelectuales” equivale a alguien insignificante, no puede tener ideas y creencias propias. Aparte de lo absurdo que resulta este concepto, sin entrar en el fondo ideológico que subyace detrás, Maximiliano no escribió jamás, fuera de estas líneas, nada que muestre la más mínima inclinación filosófica, y menos en el sentido que el texto revela.

Es más, ya he explicado que antes de la muerte de Magallanes su narración está llena de loas heroicas, exaltación religiosa y milagros, que cesan bruscamente justo después de que el autor al que transcribe y traduce al latín sea Elkano:

«Pues como el capitán Magallanes oyese esto, dijo al enfermo que sería sano si se encomendase a Nuestro Señor Jesucristo, lo cual, oído por el indio enfermo, dijo que le placía de hacerlo así, y trayéndole una cruz la adoró; y luego fue bautizado y al tercer día quedó tan sano como si mal alguno no hubiera tenido, levantándose de la cama y andando […] Y decía este indio muchas cosas que había visto en visión en sueños […] visto por el rey de Subuth, su abuelo, tan grande milagro, se convirtió a nuestra santa fe católica…» «…habló al rey Subutyto, que se había tornado cristiano, y persuadióle diciéndole y amonestándole que pues había dejado la vana adoración de los ídolos, y se había convertido a la religión cristiana, debía trabajar que todos los reyes de las islas comarcanas le obedeciesen y estuviesen sujetos a su mando y señorío, y que para esto les debía enviar luego sus embajadores, y que los que no le quisiesen por bien obedecer, les hiciera la guerra y los sujetase por la fuerza de las armas[10]

Comparemos esto con lo que Maximiliano nos trascribe no ya de “Porné”, sino sobre las Molucas, también basado en la narración de Elkano:

«Los reyes de aquestas islas Molucas comenzaron de pocos años a esta parte a creer que las ánimas de los hombres son inmortales y no perecen con sus cuerpos, como antes creían; ca decían que no había más que nacer e morir, y el argumento por donde a este conocimiento vinieron no fue sino que unas avecillas […] que por aquella tierra andan volando, sin que jamás las viese persona alguna asentarse en tierra ni en árbol […]Pues como los moros mercaderes que tenían trato de ir a comprar especiería […] les dijeron que se criaban en el paraíso terrenal, y que de allá venían, y los reyes preguntaron a los moros que qué cosa era aquella del paraíso terrenal y los moros les respondieron que era el lugar al que iban a parar y descansar las ánimas de los hombres, las cuales eran inmortales, y les informaron de las cosas maravillosas del paraíso terrenal, según la creencia mahomética, convirtiéronlos a su secta, y desde entonces acá (que no ha muchos años), comenzaron a creer los dichos reyes molucenses ser las ánimas inmortales […] Los naturales de estas islas Molucas son gente paupérrima, porque carecen de casi todas las cosas necesarias para la sustentación de la vida humana […] y que solo dos cosas hay notables entre ellos, conviene a saber, grandísima paz y quietud y mucha abundancia de especiería; la una de las cuales (que es la paz y quietud, el mayor y más saludable bien de todos los que en este mundo hallarse pueden) ha desterrado de estas nuestras partes la grandísima maldad de los mortales echándolas en aquellas Molucas que de que aquella gente pacífica usa. La otra, empero, que es la especiería, nos constriñe, lo uno por la grandísima avaricia que tenemos, y lo otro por nuestra insaciable gula, a que hayamos de ir a buscar en aquel incógnito y nuevo mundo, pasando por tantos peligros y discrímenes de la vida[11]

Habitantes de las Molucas según el Códice Casanatense (1540)

El contraste entre la filosofía que subyace tras estos textos, como en el anterior sobre la isla de Porné, y lo que Maximiliano narra hasta Cebú es más que notable, por tanto, y según los que imaginan ver en Maximiliano la fuente de estas ideas, su conversión en filósofo utópico debió coincidir, justo, con la lectura de la muerte del conquistador portugués. ¿Le produciría alguna especie de revelación que desapareció nada más terminar de redactar su carta? Conviene recordar en este momento que todos los escritos originales de Elkano han desaparecido, pero no ha sucedido lo mismo con los de Maximiliano Transilvano.

 https://www.eusko-ikaskuntza.eus/es/publicaciones/la-vuelta-de-elkano-el-molesto-triunfo-de-la-gente-corriente/art-24762/?fbclid=IwAR3DPbv6S5doVBefBpQEdMAtrUrMThxMvAgDd1yufqh5d2MBEtwYhfbZOQ4




[1] MIRAGUANO, (Ed). (2012). La Primera Vuelta al Mundo.p.21. Carta de Maximiliano Transilvano… I.

[2] FDEZ, DE OVIEDO, G. (1526) Historia general y natural de las Indias…, Libro XX, Cap.I. p.15.

[3] AGI, Contratación 5090, l.4, f.58.

[4] AGI, Patronato 34.r.19. Respuesta a la pregunta número 9.

[5] LOPES DE CASTANHEDA, F. (1551-1556). História do descobrimento & conquista... Libro VI. Cap. XLI. p.214.

[6] FDEZ. DE NAVARRETE, M. (1837) Colección de los Viages y Descubrimientos…. Tomo IV. Declaraciones que el alcalde Leguizamo tomó al capitán, maestre y compañeros de la nao Victoria, p.290. / AGI, Patronato 34, r.19.

[7] MIRAGUANO, (Ed). (2012). La Primera Vuelta al Mundo. p.p. 51-52. Carta de Maximiliano... XV.

[8] Otro posible candidato a autor del texto sería Gonzalo Gómez de Espinosa, capitán general de la flota tras la destitución de Carvalho y que acompañó a Elkano en Brunéi. Pero, según costa en el Archivo General de Indias (AGI. Patronato,34, r.17, f. 6.) era analfabeto. La carta que envió a Carlos V estando preso la redactó un escribano en Cochín, por lo que presenta numerosos portuguesismos.

[9] «Maximilianus Transsilvanus (Transsylvanus), d 1538, secretary to the imperial chancellery under Maximilian i and Charles v. Erasmus apparently met him at court in 1521. Transsilvanus made repeated attempts to secure the payment ofErasmus' imperial annuity and also defended him in his conflicts with conservative theologians, especially those at Louvain  Mynors & Estes. Collected works of Erasmus v. 9. note 71, p.375.

[10] MIRAGUANO, (Ed). (2012). La Primera Vuelta al Mundo. p.p. 42-43. Carta de Maximiliano... XI – XII.

[11] Ibidem. p.p. 56-57.  XVII.


Comentarios